Que las dudas se mueran de Hambre

perro

Hebreos 10:39. Pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida.

 

Si alimentamos nuestra fe, las dudas que tengamos empezarán a pasar hambre hasta que se mueran.

Se dice que habí­a un hombre que tení­a dos perros que daban miedo con solo mirarlos. Uno era un doberman y el otro un í«manto negro» como los de la policí­a.

El doberman era atlético y rápido mientras que el manto negro era grande como un burro. El hombre tení­a a cada perro en un extremo diferente de la casa para que no pelearan. En cierta oportunidad, un vecino le preguntó qué sucederí­a si ambos perros se enfrentaban. ¿Cuál creí­a él que ganarí­a la contienda? El hombre sin dudarlo respondió: í«El que esté mejor alimentado».

Así­ nos ocurre a nosotros. Tenemos la opción de darle de comer a la fe o a las dudas. Alimentamos la fe cuando vamos a la iglesia, nos unimos con amigos cristianos, hacemos preguntas en la congregación, leemos la Biblia y otros buenos libros.

Alimentamos las dudas cuando andamos con quien no debemos, faltamos a la iglesia, escuchamos demasiado a personajes de los medios, nos rebelamos por popularidad y no separamos un tiempo devocional.

El problema es que siempre llega la pelea de los perros y en esa ocasión ganará el que esté mejor alimentado.

Punto de reflexión

¿A quién estoy alimentando?

¿Qué puedo hacer para alimentar la fe?

 

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