Ofrenda para las Misiones
Sus manos temblaban al poner dentro de mi bolsillo el arrugado billete. “Es para misiones”, me dijo casi al oído. Recordé que aquel anciano sólo recibía mensualmente 18.00 dólares como pensión, y de eso él ya había dado el diezmo.
— Lo siento, pero no puedo tomar ese dinero — le dije—, yo sé que usted tiene
muy poco para sus propios gastos.
Sus ojos me miraron con fijeza y con severidad cuando me dijo:
Los Dos Mares
Hay dos mares en Palestina. Uno es fresco y lleno de peces, hermosas plantas adornan sus orillas; los árboles extienden sus ramas sobre él y alargan sus sedientas raíces para beber sus saludables aguas y en sus playas los niños juegan.
El río Jordán hace este mar con burbujeantes aguas de las colinas, que ríen en el atardecer. los hombres construyen sus casas en la cercanía y los pájaros sus nidos y toda clase de vida es feliz de estar allí. El río Jordán corre hacia el sur a otro mar, aquí no hay trazas de vida, ni murmullos de hojas, ni canto de pájaros, ni risas de niños.
Espejo de Amor
Así, detuvo su coche y se acercó. El coche de la señora olía a tinta, de tan nuevo. La señora pensó que pudiera ser un asaltante no inspiraba confianza, parecía pobre y hambriento.