La Ciega
Esta es la historia de una joven ciega que se odiaba a si misma, y a todo el mundo por ser ciega. Odiaba a todos, menos a su novio que la quería mucho. Un día, consiguió un par de ojos sanos. La operaron y pudo ver. Cuando lo hizo, el novio le preguntó si se casaría con el, a lo que ella respondió que no, porque se dio cuenta que él era ciego. El novio, triste, lo comprendió y se despidió de su vida.
En su partida le dijo:
El Graduado
Un joven muchacho estaba a punto de graduarse de preparatoria. Hacia muchos meses que admiraba un hermoso auto deportivo en una agencia de autos, sabiendo que su padre podría comprárselo le dijo que ese auto era todo lo que quería. Así como se acercaba el día de Graduación, el joven esperaba por ver alguna señal de que su padre hubiese comprado el auto.
El Siervo
En cierta ocasión un hombre le dio a Dios todo su corazón y su vida a Su servicio. Dios escuchó y le dio la oportunidad. Le puso en una iglesia. Su trabajo era buscar las almas. El hombre esperó las instrucciones de Dios. Esperó y esperó...Hasta que Dios le dijo que le iba a mandar la ayuda que necesitaba para predicar el evangelio.
Al día siguiente llega un inválido en su silla de ruedas. El hombre le recibe, y luego le pregunta a Dios:
El Vil Ratón
En una ciudad muy grande y muy bonita había un barrio que sobresalía entre todos los otros, por ser el más lujoso; sus casas eran unas hermosas mansiones, todas las personas que vivían en este barrio, eran muy adineradas.
La Aguja y el Alfiler
Un alfiler y una aguja encontrándose en una cesta de labores y no teniendo nada qué hacer, empezaron a reñir, como suele suceder entre gentes ociosas, entablándose la siguiente disputa:
¿De qué utilidad eres tú? Dijo el alfiler a la aguja; y ¿cómo piensas pasar la vida sin cabeza?
La rosa y el sapo
Había una vez una rosa roja muy bella, se sentía de maravilla al saber que era la rosa más bella del jardín. Sin embargo, se daba cuenta de que la gente la veía de lejos. Notó que al lado de ella siempre había un sapo grande y oscuro, y que era por eso que nadie se acercaba a verla de cerca.
Indignada ante lo descubierto, le ordenó al sapo que se fuera de inmediato; el sapo muy obediente dijo:
La Nariz y los Anteojos
Una vez le dijo la nariz a su dueño:
-"Estoy harto de tener que cargar esos anteojos para que los ojos puedan ver, de ahora en adelante me niego a cargarlos".
El hombre no quiso ser injusto y respondió:
-"De acuerdo, se hará como tu lo quieres".
De repente aquella persona al no poder ver bien y sin los anteojos se tropezó y cayó. Con tan mala suerte que cayó de frente y adivinen...se quebró la nariz!